Zinebi presenta un documental y un disco que homenajean al cantautor español más insobornable y zumbón.
Oskar L. Belategui
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"No conozco a nadie con más éxito que Javier Krahe. Hace cuatro años que yo no tengo cojones para subirme a un escenario. Y él lleva veinte llenando cuatro conciertos por semana". La alabanza de Joaquín Sabina, recogida en el documental 'Esta no es la vida privada de Javier Krahe', parece sincera. Ambos comenzaron juntos a comienzos de los ochenta en 'La Mandrágora', un garito mítico donde desgranaban versos canallas entre nubes de hachís. Sabina ha acabado llevándose las rentas del éxito. Pero no le gana en coherencia a un tipo que tituló su primer disco 'Valle de lágrimas' y el penúltimo 'Dolor de garganta'. Los directores bilbaínos Joaquín Trincado y Ana Murugarren presentaron ayer en el Festival de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao un filme que les ha mantenido durante meses a la vera de un cantautor ajeno al márketing y el oropel. 'Esta no es la vida privada ' se comercializará a partir de la próxima semana incluido en el disco homenaje ' Y todo es vanidad', donde la plana mayor de la canción española -Serrat, Aute, Miguel Ríos, Alejandro Sanz, Sabina - interpreta veintiocho temas de un artista que no necesita salir en los papeles para mantener y renovar una legión de fieles que corean sus letras de memoria. |
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"Se puede no aparecer en televisión y vivir de la canción", reconoce Krahe, quien a los sesenta años, lejos del malditismo, es la envidia de sus amigos. "Trabaja sólo en invierno y tiene las mismas vacaciones que sus hijos. Yo aspiro a disfrutar algún día de esa actividad laboral", dice Pablo Carbonell. "Sabe que el trabajo es malo, por algo pagan por hacerlo", alecciona Fernando Savater. Son admiradores que aportan su testimonio en la cinta. Como Luis Tosar, El Gran Wyoming, Rosendo, Forges, Alejandro Sanz, Pilar Bardem El metraje se completa con actuaciones y pensamientos de este gran burlón hedonista.
Vetado en televisión
Y sí, Javier Krahe vaguea como un pachá en busca de inspiración en su casa de Zahara de los Atunes. Pero sólo cuando no está de bolos sesenta veces al año. Y hasta simula que le vence la indolencia al cantar en comunión con sus 'fans'. Fuma, bebe, habla y gesticula en el escenario igual que en sus inicios, cuando decidió convertirse en cantautor con treinta años. Venía de una familia bien del barrio de Salamanca; estudió, como Aznar, en el colegio del Pilar. Pero prefirió convertirse en el Georges Brassens español antes que perpetuar la tradición de ingenieros.
Desde entonces, airea composiciones lúcidas, de rima incontestable y chispa coloquial, costumbrismo mordaz, vuelo lírico de caída libre y guiño cultista en vena. Dedica una canción al AVE, al tamaño del pene o a las hostias de la Comunión. Pero no toca temas conyunturales ni acepta peticiones en sus conciertos. "Escribo para mí mismo. Por eso sigue sorprendiéndome que mis elucubraciones interesen a un chaval de veinte años". No es por la música -apenas una guitarra y un contrabajo-, sino por su poesía sin dogmas, moralina ni trascendencia. Lo suyo no es la canción protesta, sino la canción de arte y ensayo.
Aunque la integridad y la ironía se pagan. El autor de 'La perversa Leonor' reaparecía hace un mes en el programa 'Estravagario' de La 2. Llevaba vetado en Televisión Española desde que dedicó su 'Cuervo ingenuo' a Felipe González, a cuenta del referéndum sobre la OTAN. No le dejaron cantar aquello de "Tú decir que si te votan/tú sacarnos de la OTAN/hombre blanco hablar con lengua de serpiente". Como recuerda Joaquín Sabina, "ni siquiera llegaron a grabarlo las cámaras".
Javier Krahe no ha ganado en escepticismo porque siempre ha sido escéptico. "Creo en la inutilidad de todos los actos políticos. Lo único que queda es apoyar causas a título personal, aunque no me pidas que me vaya a África". Se mantiene igual de anticlerical que cuando rodaba cortometrajes que enseñaban a cocinar un crucifijo al horno -"yo que siento por Jesús/repelús"- y no ha aprendido de mujeres como la bella y traidora Marieta, pese a llevar siglos felizmente casado con la madre de sus niñas.
Abomina de los nacionalismos -"reivindican la prehistoria en el presente"- y alaba las virtudes del porro a la hora de inspirarse. No tiene televisión -"si la tuviera estaría colgado, lo sé"- y lleva apagado el móvil que le regaló su hija. Sigue conversando con su público, derramando causticidad y tormento. Libre. "Con todos esos/miles de besos/que hay en tu boca/que sorteados como a los dados/van de oca en oca/¿cuándo me toca?".
El Correo Digital
Oskar L. Belategui/Bilbao (4/12/2004)
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